Recortando el currículum y el primer empleo

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Aug
29

Homer una vez tuvo que leer un currículum que tenía cuatro páginas.

De vez en cuando, como casi todo el mundo, me gusta actualizar el currículum y añadir lo último en lo que he estado trabajando o lo nuevo que he aprendido. Según dicen algunas normas no escritas, lo suyo es que el currículum no pase de dos páginas, o directamente nadie lo leerá. Así que, si durante toda nuestra vida laboral no hacemos más que añadir y añadir cosas, llega un momento en el que, después de doce años trabajando, tu currículum puede llegar a ser aburridamente largo. Y hay que meter tijera para reducirlo, por supuesto.

Por donde empezar está claro: en tecnología, cuanto más antiguo es un trabajo, menos relevancia tiene hoy en día. Así que tu primer empleo, después de unas cuantas sesiones reductoras, pasa de ser una larga descripción, para convertirse, año tras año, en una simple frase que casi da hasta pena dejarla. Y en ese momento piensas ¿debería directamente eliminarlo? Pues no, yo no quiero quitar mi primer trabajo porque le tengo mucho cariño. Y es que, aunque nada de lo que usaba por aquel entonces se use ya ahora, aprendí a trabajar en una oficina, a tener un jefe, un horario y a que las vacaciones no duraban 4 meses, sino 22 días laborables. Y como me apetece hablar un poco ello, a modo de historia del abuelo cebolleta, hoy contaré como fue mi primer trabajo.

Si, yo tuve uno de estos.

Junio de 1998, era la época del rincón del vago, los móviles Nokia 5110 y la PlayStation, los monitores de 14″ con culo y los Pentium II con 128Mb, el inicio de la burbuja puntocom y la salida a bolsa de terra.es. Internet llevaba ya algunos años en España con cosas tan penosas como Infovia y no existía infojobs o jobsket para encontrar empleo, ni nada parecido. Así es que tuve que buscar mi primer trabajo como seguramente hicieron nuestros padres: mirando en el periódico (de papel, me refiero; en concreto el segundamano) y llamando por teléfono desde casa (casi nadie de mi edad teníamos móvil). Llevaba ya algunos años programando en Clipper por mi cuenta con libros en casa, así que probé suerte y llamé a la única oferta que había de “Programador Clipper”. Y como en el carné de conducir, que aprobé todo a la primera; al primer sitio que llamé, les gusté y me contrataron. Por aquel entonces había una gran demanda de programadores, pues había que adaptar todas las aplicaciones para evitar el efecto 2000 y también para que aceptaran la nueva moneda que se avecinaba, el euro.

La empresa donde entré a trabajar se llamaba Teleinformática (que fue comprada por Azertia, que fue comprada por Soluziona, que fue comprada por Indra) y su principal cliente era el BBV (que todavía no se había fusionado con Argentaria).

Me incorporé a un equipo de diez programadores que desarrollaban aplicaciones de banca electrónica. En aquellos tiempos los bancos no tenían páginas web tan buenas como ahora, así que tenían que crear aplicaciones para que sus clientes (generalmente empresas) pudieran enviar operaciones al banco (a través de un modem) para hacer transferencias, consultar movimientos y todas estas cosas que ahora hacemos desde internet a diario.

La aplicación estrella se llamaba SIETE: una aplicación de escritorio desarrollada en Clipper y que corría sobre MS-DOS. Entonces Windows 95 era relativamente joven y, aunque ya había un departamento que creaba la misma aplicación para Windows en Delphi, se mantenían las dos versiones. Poco a poco el departamento de Windows creció y el de MS-DOS desapareció, pero eso es otra historia.

Empecé a interesarme en Clipper en el 90, mis padres me compraron todos estos libros en el corte inglés (tuve una adolescencia muy dura). Ahora los guardo como un tesoro (que solo yo puedo apreciar, claro). Pincha en la foto para verla un poco más grande.

Clipper era un lenguaje procedural, no orientado a objetos, con un sistema integrado muy cómodo para manejar base de datos, pues estaba basado en dBase III. No teníamos potentes IDEs como ahora, programábamos con editores prehistóricos como QEdit, Aurora y otros más que no recuerdo. Compilábamos con scripts en BAT que tardaban minutos en generar un ejecutable. Tampoco teníamos control de versiones, así que usábamos una carpeta compartida entre todos en un servidor remoto y avisábamos cuando alguien tenía que tocar algo para no pisarnos los fuentes.

No había internet, ni correo electrónico, ni nada por el estilo, así que las tareas las definía tu jefe de proyecto, las estimaba con Microsoft Project, las imprimía y te las daba en un papel donde ibas tachando las que ibas haciendo. La única manera de “comunicación” era compartir carpetas y copiar archivos, y los disquetes de 3.5″ claro. Ni comparación con ahora, que no podemos trabajar sin internet o correo (ya sea corporativo o gmail/hotmail/etc), buscar documentación o ejemplos o tutoriales o lo que sea, vamos.

QEdit

Programando como machos con el QEdit. Era duro, pero peor era el Edit...

Aurora

Los profesionales usábamos Aurora, ¡con sintaxis coloreada!

No había patrones, ni buenas prácticas ni metodologías ágiles. Te daban cientos de fuentes caóticos que habían sido tocados por decenas de personas antes. Y había que buscarse la vida. Al final, al cabo del tiempo, le cogías el truco, pero era bastante duro, pues te pasabas la mayor parte del tiempo intentando descifrar lo que había hecho el programador anterior. Por supuesto no existían las pruebas unitarias ni nada parecido, pero había algo que no fallaba: un departamento de control de calidad exclusivo para probar, que pasaban cientos de baterías de pruebas y hasta que no se pasaban todas, no se liberaba una versión. Así que al final, entre todos y con mucho esfuerzo, sacábamos el trabajo y conseguíamos hacer funcionar esa endemoniada aplicación que después correría en los PCs de cientos de clientes del BBV.

Y así pase dos años y medio, primero con Clipper y luego con Delphi, hasta que a finales del año 2000 me empezó a picar la curiosidad por un lenguaje nuevo y que parecía bastante interesante porque se podían construir aplicaciones para internet: Java. Pero eso también es otra historia.

Así es que cuando miro mi currículum y veo esa última frase en el apartado de experiencia que pone “1998-2000: Programador en Clipper de aplicaciones en banca electrónica”, algo dentro de mi me dice que ya ha sufrido suficientes recortes, y que no merece la pena borrar dos años de mi vida para ganar dos líneas de espacio. Así es que así se quedará, para siempre.

¿Y tú? ¿Cómo fue tu primer trabajo?

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